8º Retiro de Silencio 2025

3 Ago 2025
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El Silencio del Corazón
Del 18 al 24 de agosto de 2025

En la quietud de los últimos días de agosto, nueve almas se reunieron para entrar en una experiencia sencilla y profunda: volver al corazón a través del silencio.

Los días 18 y 19 fueron de acogida. Hermanos y hermanas llegaron con paso sereno, trayendo consigo historias, búsquedas y anhelos. Poco a poco, el grupo fue tomando forma. Nos miramos, nos reconocimos y comenzamos a compartir el espacio que sería nuestro hogar interior durante una semana.

El primer gesto fue humilde y simbólico: amasar pan. Con las manos en la masa aprendimos la receta, pero también recordamos que todo proceso requiere paciencia, atención y calor. Así empezó nuestro camino.

El día 20, tras el desayuno, nos reunimos en la biblioteca de la Gran Sala. Después de un breve silencio, se compartieron las pautas y el programa diario. Recibimos un folleto con textos sobre el silencio y prácticas recomendadas por el Maestro Omraam Mikhaël Aïvanhov. Comprendimos que no se trataba solo de callar la palabra, sino de aquietar el interior.

Vimos el video “El silencio en la Fraternidad” y, más tarde, en el porche, modelamos un corazón de barro. Cada uno dio forma al suyo. Fue un acto creativo y meditativo. Días después los pintamos, llevándonos ese corazón como símbolo visible de un trabajo invisible.

Cada jornada comenzaba en la salida del sol, envueltos en silencio. Cantábamos, leíamos el pensamiento del día, practicábamos Hrani yoga y cerrábamos con música y oración. Antes del desayuno, el cuerpo también despertaba con la gimnasia, recordándonos que espíritu y materia caminan juntos.

Las mañanas transcurrían entre tareas sencillas: cocina, mantenimiento, preparación de la sala. A las 12:30 nos reuníamos para escuchar una conferencia sobre el silencio del Maestro, seguida del Hrani yoga de la comida. Durante la práctica, una imagen con una frase sobre el silencio nos acompañaba hasta el final. Comer se convertía así en un acto consciente, casi sagrado.

Las tardes dejaban espacio a la interioridad personal. Al caer el día, volvíamos a reunirnos para preparar la cena, que compartíamos en silencio en el porche. Cerrábamos con una meditación en la luz, música y oración. Todo estaba impregnado de recogimiento y armonía.

El jueves vivimos el ayuno como una oportunidad de purificación. Algunos lo extendieron durante más días, eligiendo fruta o suprimiendo la cena. Cada uno escuchó su propio ritmo interior.

También hubo momentos de servicio: preparamos bolsitas de lavanda para la celebración de San Miguel, y algunas noches caminamos bajo el cielo para contemplar la montaña de Montserrat, majestuosa y silenciosa, como maestra muda.

La temperatura fue suave y amable, como si la naturaleza misma quisiera acompañar el retiro.

El domingo 25, tras el desayuno, regresamos a la biblioteca donde todo había comenzado. Allí rompimos el silencio para compartir lo vivido. Cada testimonio reveló que el verdadero trabajo había sucedido en lo más íntimo.

Agradecemos profundamente a todos los hermanos y hermanas que hicieron posible esta convivencia marcada por la armonía, el respeto y la fraternidad.

El silencio no fue ausencia de palabras.
Fue presencia.
Fue escucha.
Fue corazón.

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